La cocina es un proceso plástico, a través del cual damos forma al paisaje que constituye nuestro cuerpo.

El alimento ha mostrado a través del tiempo la relación del hombre con su entorno, constituyendo el vínculo más primitivo y directo con la Tierra.
A través de la agricultura el hombre ha transformado el territorio en paisaje, adaptando los cultivos a las condiciones climáticas y a sus propias necesidades. El huerto, como paisaje, es un signo identitario, que define la forma en cómo nos nutrimos y relacionamos con la naturaleza.
Cada uno de nosotros somos un paisaje, construido a base de experiencias, que nos reportan emociones y conocimientos, y que en su conjunto generan la energía con la que nos relacionamos con el mundo. Éste es uno de los signos de la inevitable ligazón del hombre con el territorio. En las labores del campo, el hombre establece un diálogo con la naturaleza, al tiempo que lo desarrolla consigo mismo. Tanto la Ley de la Similitud, en la que se basa la homeopatía como la terapia floral; como los experimentos de Backester con el polígrafo y las plantas, evidencian dicha interacción, la naturaleza actúa como un espejo que refleja nuestras carencias y evidencia nuestra propia naturaleza, percibida a través de los sentidos, los mismos con los que se elabora y se recibe el alimento, el vínculo entre cocina y arte es estrecho, ambos se expresan y se perciben a través de los sentidos, generando experiencias nutritivas.

En nuestra cocina el alimento es un proceso alquímico que comienza en la tierra y se desarrolla a través de los cinco elementos, las cinco estaciones y los 5 sentidos, los cuales, en conjunción con el clima, determinan el estado de los tejidos de un cuerpo. Y no son los tejidos los que modelan nuestro cuerpo a través de la vibración? Cocinamos emociones!
Periódicamente realizamos menús elaborados a partir de uno o dos alimentos, desarrollados a través de diferentes sabores, texturas, aromas… nuestro objetivo es enriquecer el recetario local y generar hábitos alimentarios saludables. Tomando como referentes la cocina local tradicional, la macrobiótica y la cocina energética, adaptamos sus contenidos a las características de los frutos que nos ofrece la tierra, tanto los silvestres como los cultivados. Nuestra cocina está en sintonía con los procesos naturales de la vida.

La mayor parte de los productos con los que elaboramos los platos proceden de nuestro huerto: frutas, hortalizas e hierbas silvestres, todos ellos cultivados bajo principios eco-energéticos. Las legumbres y cereales son de origen ecológico, de producción local y nacional.

¡Salud y buen provecho!